Lunes, 05 de Enero de 2009
 
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Talento, Tecnología e Innovación PDF Imprimir E-Mail

Las tecnologías se desarrollan en los laboratorios, en los centros de educación superior, en institutos especializados; son corredores de maratón, pues para lograr resultados se requiere de una carrera larga en la que no se puede desfallecer.

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ImagePero la economía también necesita corredores de 100 metros, que tomen estas nuevas tecnologías y las transformen en riqueza, en desarrollo, en bienestar, en mejor forma de vida.

Estos atletas son los empresarios, y a esta labor se le llama innovación. Esta es la concomitancia que existe entre la tecnología y la innovación, y en un universo global son base fundamental de la competitividad y longevidad de las empresas. La clave de la tecnología es el talento y la simplicidad.

La gestión de la innovación, por su parte, debe tener la habilidad de capturar las tecnologías adecuadas en el momento oportuno y el talento para convertirlas en productos y/o servicios rentables que penetren nuevos y prometedores mercados. En la economía virtual del siglo XXI, la riqueza no es generada por la mano de obra como en la era de la agricultura el siglo XIX, ni los grandes capitales como lo fue en la era industrial en el siglo pasado, la producirá el talento y sólo el talento.

 

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En la “edad de la mano de obra”, India y China, países que tienen casi una cuarta parte de la población mundial, generaban el 40% del comercio mundial con unos indicadores de productividad muy pobres. En el siglo XX, en la edad industrial, la riqueza fue producida por los países que tenían recursos como dinero y mercados. En otras palabras, los ricos del siglo XX fueron los ricos en recursos: Rockefeller.

Los ricos del siglo XXI serán los ricos en talento: Bill Gates. Y esto es un hecho muy positivo para las economías en vías de desarrollo. Cuando el desarrollo de un país depende de la mano de obra, es muy difícil que sus índices de productividad mejoren año tras año.

Para esto se necesitaría de un pueblodisciplinado que se levantara una hora antes a trabajar o que tuviera algunos recursos de producción como tractores. Cuando se depende del capital, sólo quien tiene los recursos suficientes puede cumplir con la demanda y ser competitivo. Pero en la edad del talento sólo se requiere de emprendedores con ideas, algunos colaboradores, trabajo intenso y un poco de suerte y así probablemente el éxito estará asegurado.

Sir John Rose, ejecutivo en jefe de Rolls-Royce afirmó: “En el futuro no hablaremos de países desarrollados, en vías de desarrollo o subdesarrollados. Hablaremos de países talentosos, los que trabajan para ser talentosos y los que se olvidaron de desarrollar el talento”. Esta realidad se puede verificar con cifras económicas. En 1994, Estados Unidos tenía 151 compañías dentro de las Fortune Global 500 con unos ingresos totales.

1.Fortune Global 500, 26 de julio de 2004 de US $2,939 billones, mientras Japón tenía 149 con ingresos de US $3,806 billones. En 2003 aparecían 189 compañías norteamericanas con ingresos de US $5,841 billones y 82 japonesas con ingresos de US $2,181 billones, la pregunta es: ¿Qué pasó? Como se conoce, las empresas norteamericanas, sobre todo en las últimas décadas, se han inclinado por un modelo de desarrollo basado en la generación de ideas, aplicaciones de nuevas tecnologías, innovación en producto y en mercados.

Los japoneses se han dedicado a gestionar los recursos, tal vez son menos innovadores, pero tratan de ser más eficientes. Recordemos una frase que dice mucho, en este caso, del profesor Prahalad: “...la reducciónde tamaño es como una anorexia
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corporativa, nos hace más frugales y más delgados pero no necesariamente más sanos. Fundamentalmente se necesita crecer y se necesita cambiar. Tenemos que construir el futuro músculo y no dedicarnos solo a quitar la grasa corporativa”. Así encontramos dos formas para ser competitivos: aumentar la riqueza y el valor generado o reducir el recurso empleado.

Como la generación puede ser infinita y la reducción necesariamente restringida, el modelo que aquí denominaremos “japonés” es bastante limitado, se agota con mucha facilidad y eso fue precisamente lo que sucedió en la década que estamos analizando. Los grandes insumos para reducir los recursos están en la disciplina, en el orden y en las técnicas de optimización. Los insumos para aumentar la riqueza en el siglo XXI están en el talento y únicamente en el talento.

El talento en el mundo

La observación de lo que está pasando con la producción del talento en diferentes regiones del mundo muestra, por ejemplo, que en las universidades de E.E.U.U. que probablemente son la principal fuente de tecnología y por supuesto de inteligentes investigadores en el mundo, cerca de 1/3 de los estudiantes de los doctorados en ingeniería y ciencia son asiáticos y los hispanos sólo representan el 1%.

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Esto podría demostrar que los latinoamericanos no sólo están perdiendo la carrera económica sino que en el futuro la brecha se puede ampliar mucho más . Las estadísticas sobre la producción mundial de documentos de investigación en los últimos cinco años prueban este postulado. Veámosla.

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Como se nota, son los países más desarrollados los que están a la cabeza y no aparecen los latinoamericanos. Las naciones innovadoras se preocupan por: acceder a un capital humano de alto nivel, comprometen altas inversiones en I+D, internacionalizan la investigación y mantienen robustos sistemas internos de innovación.

Detallemos algunas gráficas que nos muestran la posición de los países latinoamericanos frente a otros con economías desarrolladas.

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Por lo visto, hay regiones del mundo en las que todavía nos dedicamos a ensamblar y a producir mientras otras se dedican a pensar.

Cambios ocasionados por el talento

En la primera mitad del siglo XX, muchas regiones y países abandonaron la idea de que la agricultura iba a ser el motor de desarrollo y se dedicaron a la manufactura, y se enriquecieron. Pero más tarde se dieron cuenta de que lo valioso era el conocimiento que se necesitaba para fabricar y no la producción como tal. Las reglas de la economía basada en conocimiento y redes son muy distintas a las de la economía basada en manufactura.

En la vieja economía, quien controlaba la venta exclusiva de un producto o quien tenía un único ejemplar de algo se podía volver extremadamente rico, y aunque todavía existen muchos productos exclusivos, estos ya no son el motor de la nueva economía y quienes los controlan ya no son los hombres más ricos del mundo.

Mantener la “exclusiva” en un mundo digital generalmente conlleva a la pérdida de valor. En la nueva economía, lo constante es el cambio. La nueva materia prima se llama cerebro o neuronas -no más manos-, los mercados son globales, el activo más importante es el conocimiento y la cultura de una organización debe estar sustentada por la innovación.

Y debe ser así, la velocidad a la que va la tecnología no permite que sigamos atados a viejos paradigmas. Por ejemplo, en E.E.U.U., a la radio le tomó 38 años para llegar a los primeros 50 millones de usuarios, la televisión le tomó 13, al cable 0 y a Internet 5, ¿que más vendrá? cuando lo que valen son las ideas lo que se vende son conceptos, lo importante es que quien compre sea parte de una red cada vez más amplia.

El trabajar con más usuarios siempre conlleva a: incrementar el valor de lo que poseemos, mayores y mejores posibilidades de comunicación, más valor para cada producto y un menor costo. Esto fue lo que no comprendió Steve Jobs de Apple Computer y lo entendió a las maravillas Bill Gates con Microsoft, cuando optó por regalar el software que diseñaba.

Manejando simplicidad

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La promesa de la tecnología es que las cosas funcionen de manera sencilla, aunque a veces esta afirmación no se ve tan clara cuando, por ejemplo, se utiliza el control del televisor, el DVD, un teléfono celular o un horno microondas. El paradigma es que amontonar características nuevas es la manera más fácil de diferenciar los productos, aunque ello los torne más difíciles de manejar.

En el pasado, agregar más funciones incrementaba el costo; en el mundo digital esto está desvirtuado. El costo incremental de añadir 10 características en vez de una es nulo. La tecnología más fácil de usar es muchas veces la más difícil de crear. Google, por ejemplo, comprendió que la simplicidad es sagrada y clave para su ventaja competitiva.

Su página en la web es limpia y blanca que no presenta más de 30 palabras, logotipo agradable de seis letras y un espacio amplio y claro para ingresar la búsqueda. Marissa Mayer, directora de los productos web de Google dice: “la página web te ofrece lo que necesitas, cuando lo necesitas, en vez de ofrecer todo lo que pudieras necesitar, así no lo necesite”.

De acuerdo con varios sondeos realizados por Consumer Electronics Association, 2004, el 87% de las personas consideran la facilidad en el uso como el factor más importante frente a las nuevas tecnologías. Por norma, el cliente es más incapaz de lo que el departamento de I+D cree.

Milton Glaser, diseñador, agrega: “Menos no es más; justo lo necesario es más” y esto es más difícil de lo que parece. Por lo anterior, se puede deducir que la “ecuación de oro de la tecnología” sería: Tecnología + Facilidad de uso = $$$.

Dan Williams, director creativo de la firma de diseño e innovación TZ Limited y quien fue director de diseño de Motorola, afirma que: “los esfuerzos de diseño fracasan cuando se especializan en exceso y se enfocan demasiado en el aspecto técnico. La tecnología cambia rápidamente pero la gente no.

Los mejores grupos de diseño entienden porqué las personas desean productos y qué las entusiasma de ciertos diseños”. que simpleza y cabeza son la combinación perfecta, y la vía directa para obtener: tecnologías integradas y adecuadas, acordes a la filosofía de la organización; procesos, productos y/o servicios innovadores y clientes internos y externos contentos.

 
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Nota: Nuestros nuevos números de teléfono son: (506) 2588-2436 / 2588-2437 / Telefax: 2588-2438

 

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