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Lo que ha hecho Pedro Medina, creador de “Yo creo en Colombia”, ha transformado la forma de como los colombianos se ven, se relacionan y se promueven. “Yo creo en Colombia” viene investigando la Colombia recursiva, inteligente, despierta, apasionada y sigue avanzando, sin descanso, en su objetivo de generar y construir confianza en este país a través de las tres mil conferencias dadas por Pedro Medina en 355 ciudades en siete países a cerca de medio millón de personas. En una charla con la Revista Corrugando, a la pregunta de por qué cree en Colombia, Medina explicó que “cuando uno cree en Colombia uno cree en uno mismo, pero cuando uno no cree en su país, uno no cree en uno mismo”. Esta iniciativa busca, básicamente, construir autoestima colectiva positiva, capital social, es decir redes de relaciones, confianza, reciprocidad y promovernos de forma diferente, tanto individual como colectivamente. “‘Yo creo en Colombia’ toca una fibra sensible en los colombianos porque en el fondo existe un deseo profundo de mirarnos como un país fuerte, recursivo, amoroso, pero a veces nos están reforzando lo negativo y empezamos a perder de vista esa gran oportunidad que tenemos de construir una realidad diferente”, explicó. 
“Para buscar oportunidades tendríamos que formularnos una pregunta: ¿Qué podríamos hacer que nadie ha hecho, pero que si la hiciéramos cambiaría radicalmente el curso de las cosas?”. Medina cree que el reto es hacer preguntas difíciles simulando un escenario comercial más avanzado y totalmente nuevo. “Uno mismo tiene que reinventarse continuamente”. Afirmó que, para provocar una metamorfosis en las empresas, partiendo de la premisa de que la tecnología es buena, un primer paso es potencializar a la gente para que se vuelva productiva, competitiva y asociativa. Un segundo paso es que los líderes verdaderamente lideren, que los sigan; muchos dueños y gerentes de empresas no son líderes, entonces les corresponden reconvertirse en un buen líder; si no, deben darle paso a otro que sí lo sea”. Otro factor clave es la comunicación por medio de lo que Medina llama el CHI: las conversaciones, que pueden elevar o bajar a la gente, dependiendo de cómo se formulen; las historias, que van creando paradigmas nuevos, de éxito o de fracaso, y las interpretaciones, que le abren a uno puertas o se las cierran, eso depende de cómo uno las vea.
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